Como no hizo caso de las alertas internacionales de
la OMS, ni de las circulares de la UE, ni de los
informes de la embajada española en Pekín,
el Gobierno impone ahora a parte de los españoles
un confinamiento que roza ya un flagrante delito
de privación de libertad. Es evidente que no estaban
preparados para gobernar el país. Es más, su rostro
se vincula con el mal fario y los tiempos de crisis.
Evidencian una absoluta falta de sensibilidad para
escuchar a la ciudadanía que quiere volver a la calle.
Insisto en que, más pedagogía y menos autoritarismo.
Insisto en que es mejor que se gasten dinero en
campañas de sensibilización y educación sanitaria,
que en mantener anestesiada la indignación social.
Me temo que un día de estos estallará un brote de
protesta y la Policía no tiene nada claro cómo responder.
Si no fuesen tan soberbios, el uno y el otro, hace
tiempo que esto estaba encauzado. Porque sí está
claro que otra forma de gestionar la crisis es posible.
Quede constancia que tiene razón el alcalde de Madrid,
cuando asegura que hay que respetar
las medidas de seguridad. Amén.

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