El doble género -«todos y todas»- ha desaparecido por obra y gracia del coronavirus
Cuando este Gobierno de la nación mencionó por primera vez «el confinamiento», la oposición o los medios de comunicación debíamos haber reaccionado, pero por dejadez o porque los iletrados abundan, se aceptó el término que es casi la antítesis de lo que hoy estamos padeciendo los españoles. Según el Diccionario de la Real Academia Española, confinamiento es la «pena por la que se obliga al condenado a vivir temporalmente, en libertad, en un lugar distinto al de su domicilio». ¿Qué tiene esto que ver con lo que estamos sufriendo hoy en España? Confinados por el régimen de Franco en las Islas Canarias, principalmente en Fuerteventura, fueron -discúlpenme si olvido alguno- Fernando Álvarez de Miranda, Jaime Miralles, Jesús Barros de Lis,
Joaquín Satrústegui, Íñigo Cavero, José Luis Ruiz-Navarro, Alfonso Prieto Prieto, Félix Pons Marqués y Joan Casals Thomas, condenados por haber participado en el «Contubernio de Múnich». Pero la mayoría de los miembros de este Gobierno ni sabe, ni le importa lo que fue el Contubernio. En fin, qué más quisiera yo en estos días que estar moviéndome libremente por Fuerteventura…
Los españoles hoy estamos recluidos, no confinados. El DRAE define «reclusión» como «encierro o prisión voluntaria o forzada». Eso es exactamente lo que padecemos en este momento. Un encierro forzado en nuestros domicilios. El problema es que el sustantivo con el que se nombra al que está recluido es «recluso». Y eso es políticamente muy inconveniente. Así que nos inventamos un nuevo significado para el confinamiento y tan contentos. Todo el monte es orégano.
En estos días el uso del lenguaje por el Gobierno está resultando extremadamente revelador. No sé si será por culpa del contagio masivo del coronavirus en la manifestación del 8 de marzo, pero de repente el uso repetitivo de los géneros masculino y femenino en lugar de emplear el masculino como genérico se ha reducido drásticamente. Nos hemos pasado dos años torturados con el «todos y todas», «españoles y españolas», «médicos y médicas», «Consejo de ministros y ministras» y de repente han echado el freno. El doble género ha desaparecido por obra y gracia del coronavirus. En las cifras diarias sólo hay «muertos», no «muertos y muertas». Nada más hay «contagiados», no «contagiados y contagiadas». El coronavirus tampoco genera fallecidas, sólo produce fallecidos. Porque claro, hasta ahí podíamos llegar, la acción de este Gobierno, que ayer nos explicó el presidente en las Cortes que ha sido la mejor de ningún país de Occidente -y por eso debe de ser que tenemos el número de víctimas que tenemos- jamás puede producir muertas, ni fallecidas ni contagiadas. Para esos detalles menores, sólo puede haber género masculino. Con un par.
Otrosí: Parece que el presidente se dispone a nombrar una comisión que prepare el fin progresivo de la reclusión de los españoles. Y para ese puesto va a nombrar a su jefe de gabinete, Iván Redondo. Y yo me pregunto, ¿para qué tenemos cuatro vicepresidentes del Gobierno y otros dieciocho ministros si de ninguno de ellos se fía el presidente para esa misión trascendental? Se da, claro, un hecho muy conveniente: el jefe de gabinete del presidente no tiene obligación de comparecer ante las Cortes, como sí tienen que hacer los miembros del Gobierno. Así que ese progresivo levantamiento de la reclusión se puede hacer de espaldas a los representantes de la Soberanía Nacional. Y esa es la forma favorita de gobernar de Pedro Sánchez y sus muchachos. Reconózcanme que no paramos de mejorar..........Ramón Pérez-Maura

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