No Al Olvido

domingo, 12 de abril de 2020

# Con los Beatles.. Los Miserables....Vídeos 2..Grupo TRIC Media..!!!!

A cincuenta años vista, el veredicto es inapelable: clásicos
En 1964, en el apogeo de la beatlemanía, un cincuentón astroso llama a la puerta de Kenwood, una mansión de estilo Tudor pastiche, sita al suroeste del anillo verde del Gran Londres. El dueño de la casa no está y abre su esposa, Cynthia. La mujer da un respingo al ver a aquel vagabundo de pelo engominado y piernas torcidas. ¡Su cara es una fotocopia envejecida de la de su marido, John! Tras diecisiete años sin que su hijo supiese de él, Alf Lennon, un vivales, resucitaba para tratar de trincar algo ante la colosal fama de su vástago. Alf era un ausente profesional. Uno de esos tipos que se pasan la vida saliendo «a buscar tabaco». No estaba ni
 cuando nació John. Ocasional botones de trasatlántico, lo suyo eran la parranda, el music-hall y tocar el banjo. Muy chisposo. Nada fiable. La madre de John, Julia, tampoco encarnaba el orden: los servicios sociales le retiraron la custodia del chaval, que fue criado por su tía Mimi, más formal. Julia murió atropellada cuando John, de 17 años, estaba reconstruyendo su relación con ella.
George Harrison era hijo de un conductor de bus de Liverpool, en una familia de cuatro hermanos. En su primera infancia el único baño de su casa fue un cuchitril de tablas del patio. La madre de Paul murió de cáncer cuando él tenía catorce años. Matrona, constituía el principal sustento de la familia. El chico quedó a cargo de su padre, Jim, con más interés en tocar jazz con sus amigos que en sus trabajos, oscilantes y menores. Ringo era un niño enfermizo, hijo de dos pasteleros locos por bailar swing, que lo recibieron como un estorbo. Su padre, otro bala, voló cuando él tenía cuatro años.
Liverpool, pujante en el XIX, pinchó en el siglo XX. En los años treinta el paro superó el 30% y después le golpeó el Blitz de Hitler. Olvidada allá arriba, en su estuario del Mersey, no ofertaba un gran futuro. Ninguno de los Beatles estudio más que lo elemental, aunque todos tuvieron familiares de alma musical. Recién cumplida la mayoría de edad (George, ni eso) emigraron al barrio rojo de Hamburgo, donde tocaban ataviados de cuero negro, insomnes y sostenidos por las anfetaminas. Aquellos desarrapados cambiarían la música y la cultura popular. Eran, como señaló con envidia Pete Townshend, «una hidra de cuatro cabezas». Un clan de amigos que se protegían mutuamente, que tocaban con una sincronización casi orgánica, que compartían su inagotable humor norteño y que -sorprendentemente- marcaron en todo el mundo el estilo de una era más libre.
Se cumplen 50 años de la separación de The Beatles, y con ellos pasa como con el cerdo: se aprovecha todo (me gustan hasta cuando son malos, como en la tontorrona Maxwell’s Silver Hammer de McCartney). Bajo una falsa careta hedonista fueron unos estajanovistas incansables y, sobre todo, jamás temieron innovar. En este encierro vuelvo a escuchar «Rubber Soul», mi favorito entre sus discos -ya sofisticado, pero todavía no resentido- y el veredicto queda claro: clásicos del siglo XX, como Coltrane, Miles y Hendrix. Cuatro provincianos de Liverpool y un milagro.......Luis Ventoso

No hay comentarios:

Publicar un comentario