Ayer, la progresía mediática venía a afear al PP que repartiese banderas de España en la celebración de la Toma de Granada
Como todos los 2 de enero, ayer se celebró la Toma de Granada, que además de ser fiesta mayor en la capital del Darro y el Genil conmemora la entrada de Isabel y Fernando en la ciudad en 1492, la capitulación de Boabdil, nombrado entonces señor de las Alpujarras, y un momento crucial para la historia de España que supuso el fin de la dominación árabe, que duraba casi ocho siglos. Naturalmente, buena parte de la izquierda de aquí lleva años intentando aguar la fiesta a los granadinos, calificando el festejo de «excluyente», «xenófobo», «sectario» o con otro montón de simplezas del manual del progre ibérico que, como el jamón de batalla, estos días se multiplican en la acequia digital, ese cauce que tiene entre sus propiedades albergar todas las sandeces que antes se quedaban en las cuatro paredes de casa. No todo en internet supone un avance…
Ayer, la progresía mediática venía a afear al PP que repartiese banderas de España en el acto central de la conmemoración granadina, pues en cuanto asoma la enseña nacional en una calle a la izquierda de aquí le suele entrar una especie de alferecía, un retemblor que la lleva a sospechar que se está produciendo no se sabe qué conjura «contra la democracia y humanidad», sin exagerar. A la izquierda le molesta hasta que en Granada se repita ese grito futbolero que se hizo famoso cuando ganamos el Mundial, el «yo soy español, español, español», vamos, lo que pone en el DNI y en el pasaporte de todos los que se quejan.
Pero la historia es la que es. Que los Reyes Católicos rindieron el último bastión moro sin dar un mandoble en la ciudad, fruta madura desde años atrás después de que el reino nazarí fuera perdiendo uno a uno sus enclaves. Que se completó la Reconquista («¡vade retro satanás!») y que gracias a aquello hoy somos lo que somos, incluidos los que tanto se quejan cada 2 de enero en Granada. Y que de ahí surgiría un imperio («¡ya están los fachas!») que dominó medio mundo, forjado en gestas formidables como el Descubrimiento («¡ya está la ultraderecha!») o la primera circunnavegación de la Tierra, de la que este año se cumplen quinientos años, que supuso una revolución para la Humanidad de entonces, un salto de gigante para el mundo propiciado por aquellos españoles.
Eso fue lo que ocurrió entonces. La pregunta, quinientos años después, es por qué a parte de la izquierda le escuece tanto España.,,Álvaro Martínez
https://www.abc.es/ MRF
No hay comentarios:
Publicar un comentario