El relato que nos ha hecho llegar a la redacción es el siguiente:
"Una vez ellas han acabado sus reivindicaciones sin incidentes tras la mascletà, me acerco educadamente a la del megáfono y le digo que no recuerdo ninguna protesta pública ni ningún comentario sobre las palabras de Pablo Iglesias de que azotaría a Mariló Montero hasta que sangrase"
"Acto seguido, una decena de ellas (serían unas treinta en total) empiezan a insultarme del tipo: hijo puta, maltratador, fascista, nazi, asesino, genocida, gilipollas, puto machista y demás".
"Una vez que las ignoro de ellas y me voy hacia mi casa me persiguen en modo escrache por la calle que cruza al Ayuntamiento, hasta que casi me rodean, siguen con sus insultos y chillidos, y una de ella me empuja don veces, a la par que me llama hijo de la gran puta, asesino y muérete".
Las consignas fueron "somos las nietas de aquellos con los que no pudisteis", "menos kapital y más feminismo" y "en caso de agresiones, patada en los cojones". ¿Esto no es incitar al odio?
Es una escena calcada a la que se vivió en 2016 cuando un grupo de entre 20 y 30 ultrafeministas se concentraron el 8 de marzo al término de la mascletà delante del balcón del Ayuntamiento de Valencia entonando cánticos como: "fora els rosaris del nostres ovaris" [quiten sus rosarios de nuestros ovarios], "la vostra doctrina, nostra vagina [su doctrina, nuestra vagina]", "vamos a quemar la Conferencia Episcopal. --Un grupo de ultrafeministas revienta la 'mascletà' al grito de "follo con quien quiero"--
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MRF
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