No Al Olvido

martes, 25 de agosto de 2020

# La izquierda y los Izquierdo.. La INFUMABLE entrevista de la PODEMITA Rosa Villacastín A LA PREYSLER de GALAPAGAR, con Carles Enric...Vídeos 2..!!!

El negacionismo de hoy no es sólo el de los antivacunas y antimascarillas

La foto que conocemos de las hermanas Izquierdo en el tren es del viaje de vuelta a Badajoz. Regresaban de Madrid. Se habían presentado en La Moncloa con los carnés del PSOE de sus hermanos, los asesinos de Puerto Hurraco. Leo a Ana María Ortiz que al día siguiente del crimen fueron para que Felipe González les recibiera y mediara por sus hermanos. Pensaban Luciana y Ángela que los carnés servirían de salvoconducto. Gente asilvestrada que lo mismo apuñalaba a un amor no correspondido que a medio pueblo por querer vengarse de una familia (la misma del amor no correspondido). Hay quien cree que no el carné, pero ser de izquierdas sí es un salvoconducto para la sensibilidad y cualquier

 cosa buena que se nos ocurra. Ahí está Gerardo Pisarello, el de la mosca, que después de ver otra vez «Gran Torino» con sus hijos, escribió: «Siempre nos resultará un misterio que un director tan sensible (o con esa sensibilidad concreta) pueda considerarse a sí mismo como alguien de derechas. En cualquier caso, una gran película». Es verdad que luego matiza y reconoce que «hay grandes poetas, pintoras, músicos de derechas con mayor sensibilidad estética que muchos de izquierdas». Me quedo más tranquila al saberlo. Que no es superioridad moral sólo, es creencia de superioridad intelectual. Como la que parece tener Óscar Puente, señor de morfología facial cercana al homo neanderthalensis y carné del PSOE, con Díaz Ayuso, de cuyo equilibrio mental duda.

Hablamos mucho estos días de negacionismo con lo del virus y sus antiprofetas. Pero no veo mucha diferencia con quien niega a la gente de derechas alguna querencia intelectual o poética. Incluso salud mental. Como a los negacionistas de vacunas y mascarillas, supongo que no se les debe ridiculizar. Pobres. Pinker, sobre esa gente, dice: «Aquellos que aún están abiertos a la razón podrían resultar persuadidos, mientras que el resto quedan implícitamente forzados a confesar que no están jugando de acuerdo con las leyes de la razón». Que esas personas podrán apoyarse entre ellas, pero se desacreditarán a ojos de quienes se basan en la razón. Quizá lo mismo que creerse de izquierdas y a la vez tocado de las musas menores de Antonio Machado (lástima que no se levantara de la tumba al verse allí el otro día a Torra y Puigdemont).

Estar en la realidad y a la vez fuera de la realidad debe de ser como tener una experiencia extracorpórea de esas con hilo de oro. A Susan Sontag le costaba percibir la realidad, por muy brillante que fuera. Ella, no la realidad. Cuando iba a tener a su hijo le dijeron que los partos duelen y se sorprendió. Más tarde, el niño sirvió para trabajar. «Cuando estaba escribiendo las últimas páginas de “El benefactor” no comía ni dormía ni me cambié de ropa durante días. Muy al final ni siquiera podía parar para encenderme mis propios cigarrillos. Tenía a David de pie al lado encendiéndomelos mientras yo seguía tecleando» (David tenía 10 años). Pero luego nos metemos con Terelu porque se los encendía alguien adulto de su equipo. No sé qué dirían Sontag, Oriana Fallaci y hasta Antonio Machado de esta guerra cultural que están ganando zopencos poseedores de una razón que no practican.

Bari Weiss, la periodista que renunció al «New York Times» hace unos meses, lo expresó de manera clara: «La verdad no es un proceso de descubrimiento colectivo, sino una ortodoxia ya conocida por unos pocos iluminados cuyo trabajo es informar al resto». Y esos pocos iluminados no son muy distintos de las hermanas Izquierdo...Rosa Belmonte


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